Aquella mina asquerosa te pudre por dentro, te destroza los pulmones, te desquicia, te pone negros los brazos y el cerebro. Maldito agujero que te corrompe las entrañas, te roba la dignidad y hasta tu identidad. Te tatúan el código de barras y te pierden en la inmensidad de una cárcel sepulcral, plagada de ruidosas jaulas carcomidas.
El rey de dos cabezas vela por su supervivencia, antes de que la viuda negra lo envenene, entonces se nutre de tu sangre y exprime tu sudor y tu paciencia.
A veces los latigazos causan risa o incluso vergüenza, tristeza, desolación, terminas por vomitar la bilis que te envenena; otras veces deseas no estar allí, despertar de una absurda pesadilla que comienza a ser obsesiva.
El espacio es amplio, pero las galerías están vivas se mueven de un lado a otro y corres el riesgo de morir emparedado, o perdido en ningún sitio, la claustrofobia se acentúa con el ir y venir de los carros cargados de toneladas de piedras, el estrés acecha y la risa nerviosa se contagia, hasta hacer chirriar los nervios.
Amanecerá en la ciudad del oligarca. Arrasando, destrozando todo lo que pisa, marcando por donde tienes que andar y seguir sus pasos porque sí, porque él quiere, se equivoca cuando hace eso, con sus maneras, sus formas. No soporta el hecho de que nací libre, mi mente es libre, no acepta el hecho de que yo decido por donde ando, donde me paro y con quien hablo.
Tiene que demostrar que es el dueño, el amo, se cree el puto amo del calabozo, amo y señor de las celdas, de unas celdas vacías y muertas, en las cuales aunque hay esclavos, solo es dueño del vacío como sus dos mentes vacías y yermas. Una de las cabezas es de perro un pitbull rabioso, sediento de sangre dispuesto a morder a la yugular si hace falta, la otra cabeza es la peor, es escurridiza, saltarina, una viscosa serpiente repugnante con una retorcida mente recargada de cinismo.
Usan la fuerza bruta, absurdamente el rey de dos cabezas habla de si mismo en plural, usan el despotismo, el “nosotros somos los amos y vosotros los sumisos y esclavos, trabajáis como esclavos, mientras nosotros nos alimentamos de vuestra energía, de vuestra vida.”
Pobre loco, que equivocado está, os creéis en posesión de la razón, os pensáis que sois dioses y no sois nada, solo unas simples marionetas, a los que les mueve los hilos, como mueven el resto de los hilos de todos los mortales, la diferencia es que aunque mueven mis hilos yo soy consciente de este hecho, lo acepto, pero me reservo el derecho a tener mis propios pensamientos, mis sueños, vosotros queréis seguir vuestro camino el camino de la destrucción, sabed que no tengo miedo, sé que moriré, pero lo haré luchando.
PÉNDRAGON
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